Ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que escribí sobre mis procesos. Ha sido tanta la distancia y mala mi memoria que hoy me cuesta pillar el rastro de las letras reflejando quien fui. Aquellos faroles que aunque mostraban una pequeña parte de la ciudad, permitían un viaje seguro por mi pasado.
Con el tiempo nos acostumbramos a ver videos adelantos de videojuegos o herramientas tecnológicas que saldrán a futuro. Pasa desapercibido que primero genera una frustración no poder disfrutar de aquellos adelantos en el presente, pero posteriormente existe una aceptación de esta realidad y comenzamos a pensar en el futuro. Cuando vemos uno de esos videos parte de nuestra mentalidad está puesta en el futuro, aceptando ciegamente que aquello que se ve en el presente, será la realidad del mañana.
El problema que plantea todo esto es la des-presente’ización de la vida, en la medida que convertimos el tiempo en un chicle que mentalmente podemos estirar, vamos perdiendo la sensación de presente. Esto se puede notar rápidamente cuando te preguntas ¿puedes definir la tecnología de hoy, exactamente hoy?
No se puede contestar esa pregunta sin rellenar con cosas del ayer y del mañana. Porque pareciera que para nosotros ya no existe un hoy.
Me parece que los primeros tópicos tienen una carga, como si dependiera de ellos todo el resto de las entradas. Imagino que crean inconscientemente una forma fantasma de lo que será el blog en rasgos generales.
Aparece en el escritor la preocupación de escribir con detalle, pues seguramente será la entrada más vista. Es un tipo de enganche, una especie de “pronto habrá un McDonalds aquí”. En realidad a nadie debería importarle mucho el primer post de un blog; quien busque publicidad para su persona debería concentrarse en la introducción a su propia biografía.